RICITOS DE ORO Y LOS TRES OSOS

Dicen que en el bote pequeño hay la buena confitura

Había una vez…

…una niña muy, muy bonita que tenía el pelo rizado y muy, muy rubio. Su nombre era Ricitos de Oro.

Una mañana de primavera Ricitos de Oro iba paseando por el bosque y vio una casita preciosa en medio de una explanada. De la casa parecía venir un olor delicioso y decidió entrar.

Una vez dentro vio la mesa puesta, le entró hambre y decidió desayunar.

Alrededor de la mesa había tres sillas: una grande, una mediana y una pequeña.

Intentó sentarse en la grande, pero era demasiado alta; subió a la silla mediana, pero era demasiado incómoda; la que le iba bien por su tamaño era la pequeña, pero al sentarse la silla se rompió.

Encima de la mesa había tres cuencos de cereales: uno grande, uno mediano y uno pequeño. En el grande había demasiados cereales (no se los acabaría), el mediano era muy dificil de coger y el pequeño era ideal para ella y se comió todos los cereales que había.

Al acabar vio tres vasos de leche calentita que aún humeaban: uno grande, uno mediano y uno pequeño. El grande pesaba demasiado, el mediano tenía la leche demasiado caliente y se quemó, pero el pequeño era el que podía coger más fácilmente y la leche estaba tibia, así que se la bebió toda.

Después de desayunar a Ricitos de Oro le entró mucho sueño. Fue a la habitación y vio tres camas: una grande, una mediana y una pequeña. La grande era demasiado dura, la mediana tenía unas sábanas demasiado gruesas y la pequeña era de su medida y la más cómoda, así que se estiró para echarse una siesta.

Al cabo de un rato los propietarios de la casa llegaron. Era una familia de 3 osos: el padre (un oso muy grande), la madre (una osa mediana) y su hijito (un osito pequeño).

Nada más entrar, el padre dijo: “Alguien se ha sentado en mi silla”; la madre gritó: “Alguien se ha sentado en mi silla” y el hijo lloriqueó “¡¡Alguien se ha sentado en mi silla y me la ha roto!!”.

Se acercaron a la mesa y el padre dijo enfadado: “Alguien ha tocado mi vaso de leche y mis cereales”; la madre chilló “Alguien ha tocado mi vaso de leche y mis cereales”, y el hijo, casi llorando, dijo: “¡¡¡Alguien ha tocado mi vaso de leche y mis cereales y se lo ha terminado todo!!!”

Entraron en la habitación y el padre, muy molesto, dijo: “Alguien se ha estirado en mi cama”; la madre osa dijo: “Alguien se ha estirado en mi cama” y el hijo dijo muy asustado: “¡¡Alguien se ha estirado en mi cama y se ha quedado dormido!!”

Con todo el revuelo Ricitos de Oro se despertó. Al ver a los tres osos mirándola se levantó y se fue corriendo por toda la casa hasta que encontró la puerta y se fue hacia el bosque.

Los tres osos se quedaron boquiabiertos.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

 

 

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