LA LEYENDA DE SANT JORDI

Dice la leyenda…

…que por las tierras de Montblanc vivía un feroz dragón que tenía atemorizada a toda la población de la comarca. El dragón terrible llevaba años devorando personas y rebaños enteros de animales y nadie podía vivir tranquilo. Un día el rey decidió buscar una solución al problema: para poder llevar una vida normal tenían que conseguir que el dragón no tuviera hambre, y por eso se decidió que cada día ofrecerían a la bestia una persona elegida al azar y así el resto de pueblerinos podrían vivir tranquilos, al menos ese día.

La suerte quiso que la primera víctima en sacrificio fuera la hija del rey. La joven y bella princesa se derrumbó, así como todo el pueblo que la quería y la adoraba, pidiendo clemencia al padre de la chica. Pero el rey, fiel a sus decisiones, aceptó que lo que el azar había marcado y con toda su pena envió a su querida hija hacia la cueva del dragón.

Pero, de golpe, apareció un caballero montado en un caballo blanco. Su nombre era Jordi y venía a salvar a la princesa y a toda la población de Montblanc. Luchó de la manera más heroica y valiente contra el dragón y, finalmente, consiguió atravesarlo con su larga lanza. De esta manera el caballero no sólo venció al dragón, liberando a la población de ese horror, sino que también salvó a la princesa de una muerte segura.

El rey, agradecido, le ofreció a su gentil hija en matrimonio, pero el caballero no aceptó ese honor. Cogió su caballo blanco y se marchó.

Al cabo de unos días, allí donde el caballero había matado al dragón, nació un rosal de flores rojas, como la sangre del dragón vencido.

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